viernes
jueves
Vuelven, así como si nada, las imágenes de un verano que recuerdo perfecto.
Y vuelves tú, con tu sonrisa quebrada, las palabras calladas y el olor a jazmín entre tus bucles. El primer plano de tu cuerpo en mi piscina, el atardecer de fondo después de un día de campo, una batalla de cartas de truco, tus pies descalzos y tus ojos lagrimosos. Y dime tú, muchacha piel Caribe, cómo hicimos para mezclar tanta fotografía bonita con tanto gusto a angustia al final?
viernes
Por decir algo digo que fuimos el cóctel perfecto de besos robados, sueños dedicados y locuras por hacer. Que nadie se regaló la luna como nosotros ni se fusionaron los cuerpos como aquella vez.
Por decir algo digo que rompimos con todas las matemáticas del asunto y fuimos uno en dos. Que no hubo regla que no pudiéramos romper; que hasta el cielo nos quedó cerca.
Por decir algo digo que no hay dos almas en el mundo que se hayan querido o se quieran como digo que se adoran las nuestras.
Día 19 - Dos canciones con las que harías el amor.
jueves
Ella había vuelto. Tenía tatuada en la cara una sonrisa nueva, de esas sinceras que no se veían seguido por esta parte del mundo. Traía debajo del brazo un cuaderno azul, relleno de tinta, recuerdos y sentimientos que suponía nunca me iba a revelar. Entonces vi directo en sus ojos con forma de avellana y me di cuenta que había cambiado. Que estaba aquí, con la felicidad entre dientes, pero que había dejado una parte de su alma en algún lugar con el resto de sus secretos y que jamás sería la misma.
domingo
No sé si es el tiempo lo que cambia u olvida todo, si las personas simplemente se van y vuelven por actos reflejos. Si la memoria es selectiva y vamos dibujando nuestros propios recuerdos. Tampoco me importa si Cupido está de vacaciones o si mi príncipe es un rebelde sin causa. Pero lo cierto es que lo quiero, que todavía me arranca sonrisas cuando pienso en su mirada, en su mezcla de Bach, de música rockera y su complejo de Spiderman.
Día 1. Una canción que te guste.
sábado
Tenía 17 años y el miedo colado entre los huesos mientras su vista se perdía 12 metros más abajo, en el fondo del lago. Estaba esperando a que el pánico la recubriese por completo cuando un codazo amistoso y su par de ojos azules la miraron divertidos.
- Oye, si tú saltas, yo salto. Es así de simple, no? – Le dijo él extendiéndole la mano.
No pudo evitar sonreír ante aquella frase. Le pareció increíble que él la recordara y que además estuviese justo allí, a su lado, en la cornisa del puente a punto de lanzarse al vacío. Fue entonces cuando entre tanta adrenalina sintió una explosión interna, una mariposa que le decía que tal vez había algo más y que todo estaría bien si se dejaban caer.
lunes
- Algo que me quieras decir? – Dijo en voz baja después de unos segundos.
- No, simplemente quería mostrarte algo – Respondió ella en el mismo tono de voz y luego cerró los ojos.
Él la imitó, relajando poco a poco cada músculo de su cuerpo en el silencio perfumado que los invadía. Pasaron así varios minutos, de esos en los que uno no sabe realmente cuánto tiempo transcurre.
Ves? – Volvió a hablar ella antes de mostrar los dientes. Y él lo entendió. Esa chica tenía razón, el silencio no significaba ausencia… mucho menos si el aroma dulzón a jazmín merodeaba por el ambiente.
sábado
[ 1 año antes ]
- ...Es que son demasiado parecidos en algunas cosas.
- ¿?
- Los dos son igualmente enamoradizos… mejor dicho, unos miedosos enamoradizos. La diferencia está en que mientras que Benjamín no quiere enamorarse porque sabe que es otra historia que no va a pasar de los seis meses que estén juntos aquí – porque sabemos muy bien que no es capaz de hacer nada para que siga - ; Nerea es capaz de enamorarse y después no estar segura si quedarse y volver sólo para alguna fiesta. Ambas cosas terroríficas a su modo.
- Me estás cargando? Conozco gente que se ha enamorado en menos de seis horas.
- Ah sí? Quién?
- Vos y él, obviamente. Lo que pasa es que son demasiado tercos para admitírselo.
martes
sábado
Me sentí un completo idiota. Ya habían pasado dos años y ni siquiera era capaz de darme cuenta que detrás de esas charlas de filosofía de la vida, se escondía uno de tus miedos. Que después de todo, tal vez no te conocía tanto. Que encima yo me sentía la persona más impotente por no poder derrumbar mis propias paredes y ayudarte con consejos, o gritarte que te sacaras esas estúpidas ideas de la cabeza...
viernes
Recuerdas esa tarde en la que me llenaste de sonrisas? Me habías llevado coaccionado por el movimiento de tu cintura a lo largo del pasillo para entrar en mi habitación, y hasta te las habías ingeniado para bailar un clásico conmigo. Como era de esperarse, terminamos entre medio de las sábanas en una guerra que ninguno era capaz de controlar, enjuagando el ambiente con el perfume de tu pelo y tus manos de gorrión.
Creo que en ese preciso instante decidí que quería hacerte mía para siempre.
martes
- Primer acto.
Muero por robarte un beso.
Volvió a su lugar y se cruzó de piernas, era la señal de que me tocaba a mí. Imité su brinco y su manera teatral de avanzar.
- Segundo acto.
No dije nada más, la tomé del cuello con rapidez y le rompí la boca de un beso. Qué bien se le daba la actuación a mi princesa.
viernes
Después de cinco películas, siete cafés en el bar de la esquina y dos escapadas en el auto para navegar sin rumbo; se encontraron nuevamente en el balcón y se dieron un beso de narices frías y mejillas rosadas, ese tipo de besos que duran para siempre.
Sabían que no habían tenido el mejor de los veranos, pero sin dudas ese sería su invierno perfecto.
domingo
Cuando las botellas comenzaron a arrinconarse en una esquina del salón y la mitad de la multitud se había retirado a soñar en otro sitio, te vi colocándote la chaqueta. Se me congeló el corazón.
Te ibas.
¿Por qué pensamos que tenemos tiempo?
Si el tiempo en verdad se nos va sin siquiera darnos cuenta.
Estabas de espaldas y sin darte cuenta que mis pasos me llevaban a tu hombro. Ni siquiera yo sabía que estaba haciendo, pero no me aguantaba verte ir otra vez así.
- Hola extraño – Te dije con los nervios reflejados en cada letra. ¿Hacía cuánto que no te hablaba de frente?.
Mis ojos debieron haber reflejado tu misma sorpresa porque apretaste la mano izquierda durante dos segundos, esos dos típicos segundos tuyos en los que tomabas valentía y te empujabas a la vida. Esos dos segundos que yo siempre aprovechaba para relajar los músculos y alcanzar a dibujar una sonrisa de medio lado y ocultar cualquier cosa. Vos también lo notaste, verdad? A veces odio que me conozcas tanto.
- ¿Cómo estás? – Hablaste con temblor. Bueno, después de todo estábamos en la misma situación.
- Increíblemente satisfecha de haber aguantado toda la noche estos tacos. – Cambiaste la mirada y te llevaste la mano al cuello. Yo no podía creer la estupidez que acababa de soltar. Ahí estabas, a punto de volarte de nuevo entre las sombras y yo con un corazón que estaba a punto de explotar… y te hablaba de tacones. Jolín. - ¿Vos?
- A punto de ir… - Filosas cada una de las vocales que pronunciabas. No te importaba en lo más mínimo, verdad? – al balcón... ¿Me acompañarías? - Retiré absolutamente todo lo que acababa de pensar y sin entender nada, perdiéndome inconscientemente de nuevo en tu mirada de sabueso y en mis ganas de saber qué había sido de nosotros dos, te acompañé a ese balcón que conocía mejor que nadie la historia que nunca se terminaba.
jueves
- Hace frío – dijo cortando el fluido de ideas. Se quitó la chaqueta negra y me la pasó por lo hombros. – Tenías la piel de gallina. –
- Seguirá haciendo frío de todas formas – Un doble sentido a modo de respuesta activando en los dos la sospecha de que tal vez, sólo tal vez esa reacción no estaba en lo más mínimo relacionada con los grados bajo cero que los envolvían desde el balcón.
sábado
- Ves que tengo razón? La vida es injusta.
- Ah sí? - Me limité a decirle sin mirarlo, manteniendo la vista clavada en el infinito paisaje de cables y techos grises.
- Sí. Por eso creo que es mejor que hagas lo que te plazca y te guíes según vos misma. – Se dio vuelta y me quitó el cigarrillo de entre los dedos; estaba tan helado como yo. A esa altura de la noche hasta el mismo tiempo se congelaba.
- Y dime entonces… ¿Qué hay de justo en la voluntad? –