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martes

13 de Mayo

Alguna vez te hablé de lo que era tener expectativas y de que yo era de las que las tenía a gran escala. Como soy una persona que usualmente se considera positiva, el hecho de creer en algo así implica que casi siempre espera a que algo bueno pase; que tengo esperanza, ilusión y por qué no, casi una certeza en que una situación puede darse bien. Sí, mi vida giraba en torno a perspectivas lindas de un mañana mejor.

Todo esto suena muy cursi, no?

Bueno, para bajar el nivel de azúcar te comento que resulta ser que ahora NO QUIERO. No quiero esperar nada. No quiero pretender que todavía me queda una carta por jugar, que puedo apostarle a un día más, a un futuro casi posible. NO. POR FAVOR BASTA. Me encantaría que alguien me arrancase ese tipo de ideas rosas así dejo de creer de una buena vez que entre vos y yo queda algo (que en el mejor de los casos, sería lo que tendría que haber sido: un nosotros).

Nunca pedí algo así, pero ahora, en estos renglones de locura, te ruego, pibe, por favor: ARRANCAME LAS EXPECTATIVAS Y PULVERIZAME LOS SUEÑOS. Ya machucaste un corazón recién estrenado, no creo que te cueste tanto llevar a cabo lo que te estoy pidiendo.

sábado

Después de meses y meses y sin ninguna razón aparente, hoy me siento a escribirte otra de las cartas que no te voy a enviar.

Pasaron varias cosas desde la última vez, demasiadas como para recordarlas, más cuando ahora parecieran no tener sentido. La mayoría de las veces no nos damos cuenta de todo lo que cambiamos hasta que no dejamos pasar el tiempo necesario para mirar de reojo hacia atrás. Y sigue siendo raro, sabes? Eso de mirar hacia atrás y no encontrarte más que en un par de renglones de mi historia. Es que hay algo que hace ruido adentro de la caja, hay un eslabón suelto que se nos pasó sin saber cómo. Cada mirada, cada charla al pasar… suenan inconclusas. Porque tal vez, después de todo, el vos y yo que quisimos dibujar alguna vez, hace mucho tiempo, sea eso, una asignatura pendiente del corazón.



Día 4. Canción que te recuerde un momento con tus amigos

viernes

Esta mañana sonó el Pas de Deux a pedido de mis dedos y quién sabe, tal vez a pedido del sol de pasadas las nueve. El 152 como siempre ya salía de la parada y mis pies que andaban sin apuro por la ciudad de cemento húmedo no quisieron correrlo y malgastar energías. Ahora si me imagino desde afuera, como una nadie caminando por la calle, me daría gracia: La mirada ausente y levemente melancólica, una mano dirigiendo la orquesta desde la mente, un pañuelo recogiendo la manada de rulos y un gran bolso marrón cargado de libros societarios y galletas para pasar la tarde.

Por qué escuchar un par de temas todos los días se ha vuelto una especie de adicción es algo que todavía no sé y supongo que nunca va a tener una respuesta completa. En especial cuando se trata del Pas de Deux del Cascanueces; tengo la sospecha que sabrías a lo que me refiero si te digo que de alguna manera dibuja nuestra historia en cada nota. Comienza lento, suave, como cuando uno observa a la distancia y mide cada uno de los movimientos del otro. 1, 2, 3… 1, 2, 3 pasos adelante y dos pares de ojos que se encuentran. Timidez, curiosidad. Mariposas y los primeros suspiros. Dudas: ¿En qué piensa? ¿Ríe por mí? ¿Acaso es mi nombre el que escribe al pasar? Después sube, se agita, sin lugar a dudas hay un acercamiento y algo que se intuye. Algo que todos ven y nosotros no admitimos. Hasta que todo se sacude, gira y el tiempo se detiene. Un beso, una explosión, un segundo que dura para siempre. Entonces los violines se quiebran, todo parece inestable al compás de un ritmo que baja, pelea. Es como una especie de guerra de pasión y tristeza que va y que viene, moja las almas; vuela, se nos escapa. Es un paso de dos, pero que no somos nosotros dos y eso me desespera. Es en ese segundo en el que creo que lo pierdo en una lágrima y lo arriesgo todo en el último envión. El final viene como un relámpago y lo cambia todo; aunque parezca mentira el empujón hace que caiga en sus brazos y todo vuelva a la calma. Es un paso de dos, dos que en verdad hacemos uno. Sigo sin entender nada de lo que sucede, después de todo son 4.55 minutos de pura adrenalina para un corazón bastante masoquista y silenciosamente impulsivo que está a punto de subirse para comenzar el viaje a la facultad; pero al menos tengo la certeza de que somos nosotros.

martes

Por algún lado leí que e x t r a ñ a r a alguien no pasaba por recordar todo lo que había sucedido con esa persona, sino por desear que él/ella pudiese compartir los momentos del presente a nuestro lado. Algo así como querer decirles “Ojalá estuvieras acá”, “Estoy segura que te encantaría esto” o “me juego a que ahora dirías…” No sé, cosas de ese estilo. No me había puesto a pensar en esa forma de extrañar, pero estoy de acuerdo con esa filosofía.
Meses atrás en algún párrafo te decía lo lindo que sería mostrarte esta ciudad que no duerme con mis ojos. Que vieras las callejuelas de Buenos Aires, respiraras el perfume de la lluvia desde mi ventana, o persiguieras a la luna desde uno de mis rincones favoritos. Supongo que lo que trataba de decirte con eso es que te extrañaba; y es lo que trato de decirte de nuevo.