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jueves




Se revuelca, pecosa y divertida, entre sus sábanas blancas. Arándano la mira, la abraza, la mima, la retuerce,  y la deja ser. La ama, la toca, la siente y la vuelve a querer... Y así se siguen jugando, encontrando, y hasta  reinventando entre todos los verbos; después de todo todavía les queda mucho amanecer.




sábado

jueves




Vení Arándano, vení vení vení… dale asomate por la ventana.
Viste que bonito que se viene Diciembre todo limpito y brilloso?
Justo para que lo exprimamos y le saquemos todo el jugo,
juntos los dos.






Andaba descalza y sin problemas mi Nerea pecas de chocolate aquella mañana de domingo. El sol le bañaba los hombros y los labios los tenía rojos por demás, jugosos después de tantas fresas.

- Hay arándano, hoy estás para beberte todo de un saque. – “Y tú para absorberte de beso en beso” pensaba yo divertido, haciéndome el que te preparaba el desayuno. – Apuesto a que sabes perfecto con el jugo de frutillas.- Me rendí ante tus manitas que venían a abrazarme por detrás, dulces y vanidosas.

- Tu boca me convoca a comerte de un solo bocado, mi Nerea pecosa. – Te dije, olvidando por completo las medialunas y el café de la mañana para desayunarnos enteros en la cama.

(...)




Día 21 - Una canción que escuches cuando estás feliz.

lunes




L
a vi allí, perdida en sus ideas, abrazándose las rodillas y aferrando los nudillos a la sábana; arqueando su columna desnuda, sin cuidado de mostrarme todos los lunares de su espalda.
Tan sencilla, tan mujer. Irresistiblemente tentadora con el sólo hecho de estar allí, pensativa a los pies de mi cama. Tanto que no pude evitar tomarla por la cintura, envolverla en mis brazos hasta hacernos uno.

- Quiero protegerte – Le susurré al oído. Noté cómo su piel reaccionaba por instinto y la estreché aún más – Para siempre, Nerea.








Dia 2. Una canción de tu película favorita.

sábado



...Y aparece extendiendo sus manitas por todo su cuerpo y sus ganas de amarla. Le da un beso sabroso y dulce, como un jugo de arándano con mucha azúcar en pleno verano. Y a Nerea le entran ganas de tomárselo entero enterito y exprimirle cada beso y abrazo antes del atardecer.





viernes

Son las 4 de la mañana y el silencio reina en la casa. Todas las estancias están apagadas y sin señales de vida, salvo por las tintineantes luces de Navidad que se prenden y apagan al son de un villancico silencioso. Es justo debajo del arbolito por donde sobresalen las flacas y desnudas piernas de Nerea. Sí, la pequeña explosiva de Nerea está allí abajo, quietita. Cuando Arándano la encuentra se imagina que entre medio de sus inflados cachetes se esconde una media sonrisa y que sus ojos están cerrados. Decide imitarla y, sin hablar, se recuesta junto a ella colocando la cabeza debajo del pino. Al instante se da cuenta de un error: Los ojos oscuros y brillantes de Nerea miran fijamente hacia arriba, succionando cada pizca de color que se mueve sobre ellos. Sonríe, aunque no entienda bien por qué están abajo del árbol. Se quedan así, en silencio. Él busca lo que ella piensa. Ella no piensa, se deja llevar por el hilo de luces que cochan en cada adorno.
-Te sientan bien – Le dice por fin casi en un susurro – Digo… El verde y la purpurina. - Él ríe con ganas y le pregunta si ese es un nuevo escondite para decirle cosas bonitas – No, bueno, no sólo eso… Es que… - dice comenzando a acomodar palabras – Recostarme aquí hace que reflexione un poco más en el futuro, en los sueños. Bah, para serte sincera: en todo. Pero desde esta perspectiva todo se ve diferente, latente, tranquilo e incluso relajado.
Vuelve a hacer una pausa prolongada. Con el correr de los minutos sus facciones cambian y amenaza con fruncir el ceño.
- …Mañana nos toca desarmarlo.
-Por eso estás aquí abajo? Si eso es lo que te preocupa supongo que podríamos dejarlo un tiempo así como está.
- No, no me molesta. Es sólo que… - Silencio. Él espera paciente, como siempre. – Me prometes una cosa?
- Lo que quieras.
- Prométeme que no vamos a desarmar toda la esperanza que nos trajo Nochebuena. Prométeme que esa linda purpurina color a anhelo que se esparce por tu cuerpo no se va a ir la próxima vez que te duches, ni que toda la calma que se refleja en las borlas va a ir a parar al desván.
Te lo prometo Nerea. – El chico la abraza y besa sus labios explosivos – Y que tampoco voy a dejar que se escape la diversión que nos trajo cada Jo Jo Jo.
Ella asiente, y nuevamente divertida, apoya la mejilla sobre su hombro. Se quedan allí hasta pasada la madrugada, recolectando deseos y cantando villancicos silenciosos, de esos que quieren que se les peguen en el alma.

domingo

Hoy me vinieron unas tremendas ganas de bailar. Mover los hombros con ritmo, saltar sin sentido y sonreír con los ojos cerrados. Agarrarle la mano al arándano de al lado y ponerle onda a la tarde de domingo. Sí, bailar una de esas canciones de sábado por la noche, esas que el verano las va a ir tatuando en las caderas y que se mueve de pies a cabeza por todos los huesos; como cuando te sacude otro amor de temporada. Y sí... Supongo que también me vinieron unas tremendas ganas de enamorarme.

miércoles

Nerea está impaciente. Lo noto por el pequeño movimiento de su pie derecho sobre la rambla… ja, es tan mínimo que un turista cualquiera no podría notarlo. Es que Nerea es así, llena de hiperactividad en embaces chicos. Que sí hombre, no me crees? Compruébalo tú mismo: Mírale las puntas del cabello, las tiene todas alborotadas en direcciones diferentes y eso no es porque lo tenga corto hasta la nuca, no; es que de seguro se ha puesto nerviosa esta mañana cuando notó que casi se queda dormida para venir hasta aquí. Ahora observa sus manos. Una encima de la otra cual princesa de Gales, pero… ah, ya lo notaste; sí, eso que se mueve sin parar sobre el ipod es su dedo pulgar. Revolucionado, eh?. Y eso que no te dije que te fijes en sus ojos sólo porque ahora los tiene encerrados en unos lentes, pero apuesto a que no paran de buscar entre los rostros de los transeúntes. Pobre Nerea, la voy a poner de las casillas… Igual, no me molesta tanto [incluso hasta me gusta]; estoy seguro que cuando me vea explotará toda esa hiperactividad entre las pecas de sus mejillas y después de un par de empujones sobre mi pecho me plantará el beso más eléctrico de toda la semana. Ahora, si me disculpas, me retiro; tengo que ir a hacerla explotar.

domingo


H
acía mucho que no los sentía así. Temblaban de la misma manera que lo habían hecho en aquellos momentos previos a sacar una bolilla en el primer oral de la facultad, o como aquella vez que tuve que sostener la hoja del discurso de fin de año. Me refiero a los nervios poco disimulados que cargaban los cinco dedos de cada mano mientras terminaba de escribir un mensaje de texto… Sí! Un mísero mensaje de texto me estaba poniendo estúpidamente nerviosa ¿Quién lo diría, eh?