jueves
Se revuelca, pecosa y divertida, entre sus sábanas blancas. Arándano la mira, la abraza, la mima, la retuerce, y la deja ser. La ama, la toca, la siente y la vuelve a querer... Y así se siguen jugando, encontrando, y hasta reinventando entre todos los verbos; después de todo todavía les queda mucho amanecer.
sábado
jueves
Andaba descalza y sin problemas mi Nerea pecas de chocolate aquella mañana de domingo. El sol le bañaba los hombros y los labios los tenía rojos por demás, jugosos después de tantas fresas.
- Hay arándano, hoy estás para beberte todo de un saque. – “Y tú para absorberte de beso en beso” pensaba yo divertido, haciéndome el que te preparaba el desayuno. – Apuesto a que sabes perfecto con el jugo de frutillas.- Me rendí ante tus manitas que venían a abrazarme por detrás, dulces y vanidosas.
- Tu boca me convoca a comerte de un solo bocado, mi Nerea pecosa. – Te dije, olvidando por completo las medialunas y el café de la mañana para desayunarnos enteros en la cama.
(...)
lunes
La vi allí, perdida en sus ideas, abrazándose las rodillas y aferrando los nudillos a la sábana; arqueando su columna desnuda, sin cuidado de mostrarme todos los lunares de su espalda.
Tan sencilla, tan mujer. Irresistiblemente tentadora con el sólo hecho de estar allí, pensativa a los pies de mi cama. Tanto que no pude evitar tomarla por la cintura, envolverla en mis brazos hasta hacernos uno.
- Quiero protegerte – Le susurré al oído. Noté cómo su piel reaccionaba por instinto y la estreché aún más – Para siempre, Nerea.
sábado
viernes
-Te sientan bien – Le dice por fin casi en un susurro – Digo… El verde y la purpurina. - Él ríe con ganas y le pregunta si ese es un nuevo escondite para decirle cosas bonitas – No, bueno, no sólo eso… Es que… - dice comenzando a acomodar palabras – Recostarme aquí hace que reflexione un poco más en el futuro, en los sueños. Bah, para serte sincera: en todo. Pero desde esta perspectiva todo se ve diferente, latente, tranquilo e incluso relajado.
Vuelve a hacer una pausa prolongada. Con el correr de los minutos sus facciones cambian y amenaza con fruncir el ceño.
- …Mañana nos toca desarmarlo.
-Por eso estás aquí abajo? Si eso es lo que te preocupa supongo que podríamos dejarlo un tiempo así como está.
- No, no me molesta. Es sólo que… - Silencio. Él espera paciente, como siempre. – Me prometes una cosa?
- Lo que quieras.
- Prométeme que no vamos a desarmar toda la esperanza que nos trajo Nochebuena. Prométeme que esa linda purpurina color a anhelo que se esparce por tu cuerpo no se va a ir la próxima vez que te duches, ni que toda la calma que se refleja en las borlas va a ir a parar al desván.
Te lo prometo Nerea. – El chico la abraza y besa sus labios explosivos – Y que tampoco voy a dejar que se escape la diversión que nos trajo cada Jo Jo Jo.
Ella asiente, y nuevamente divertida, apoya la mejilla sobre su hombro. Se quedan allí hasta pasada la madrugada, recolectando deseos y cantando villancicos silenciosos, de esos que quieren que se les peguen en el alma.
domingo
miércoles
domingo
Hacía mucho que no los sentía así. Temblaban de la misma manera que lo habían hecho en aquellos momentos previos a sacar una bolilla en el primer oral de la facultad, o como aquella vez que tuve que sostener la hoja del discurso de fin de año. Me refiero a los nervios poco disimulados que cargaban los cinco dedos de cada mano mientras terminaba de escribir un mensaje de texto… Sí! Un mísero mensaje de texto me estaba poniendo estúpidamente nerviosa ¿Quién lo diría, eh?